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viernes, 4 de marzo de 2011

La ratita presumida

¡Hola a todos ustedes! Aquí les traigo un cuento que escribieron los hermanos Grimm junto a Perrault. Se llama “la ratita presumida”. Es Un buen cuento también para leérselo a sus hijos antes de irse a la cama. Ya que como había mencionado anteriormente, es importante que le lean cuentos a sus hijos en este momento. Y a veces pueden variar y en vez de leer el cuento, pueden ir pasando imágenes impresas que formen una historia. Y de esta manera hacer diferentes actividades que se hacen en la misma casa para poder darle uso a todo lo que nos ofrece la Literatura Infantil. Pero bueno, ahora sí vamos a lo que vinimos. Aquí les dejo el cuento del que les comenté.





La Ratita Presumida


Érase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita estaba barriendo su casita, cuando de repente en el suelo ve algo que brilla... una moneda de oro. La ratita la recogió del suelo y se puso a pensar qué se compraría con la moneda.


“Ya sé me compraré caramelos... uy no que me dolerán los dientes. Pues me comprare pasteles... uy no que me dolerá la barriguita. Ya lo sé me compraré un lacito de color rojo para mi rabito.”
La ratita se guardó su moneda en el bolsillo y se fue al mercado. Una vez en el mercado le pidió al tendero un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casita. Al día siguiente cuando la ratita presumida se levantó se puso su lacito en la colita y salió al balcón de su casa. En eso que aparece un gallo y le dice:


“Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”.


Y la ratita le respondió: “No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces?”
Y el gallo le dice: “quiquiriquí”. “Ay no, contigo no me casaré que no me gusta el ruido que haces”.
Se fue el gallo y apareció un perro. “Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo:


“No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces?”. “Guau, guau”. “Ay no, contigo no me casaré que ese ruido me asusta”.


Se fue el perro y apareció un cerdo. “Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”.


Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿y tú por las noches qué ruido haces?”. “Oink, oink”. “Ay no, contigo no me casaré que ese ruido es muy ordinario”.


El cerdo desaparece por donde vino y llega un gato blanco, y le dice a la ratita: “Ratita, ratita tú que eres tan bonita ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo:
“No sé, no sé, ¿y tú qué ruido haces por las noches?”. Y el gatito con voz suave y dulce le dice: “Miau, miau”. “Ay sí contigo me casaré que tu voz es muy dulce.”


Y así se casaron la ratita presumida y el gato blanco de dulce voz. Los dos juntos fueron felices y comieron perdices y colorín colorado este cuento se ha acabado.

            Perrault y Hnos.  Grimm
Un abrazo
Michi*

jueves, 3 de marzo de 2011

Cuento para antes de dormir*

¡Hola amigos y amigas! En el día de hoy quisiera compartir un cuento que encontré que me parece muy lindo para leerlo a sus hijos antes de irse a la camita. Espero que le puedan dar mucha utilidad y que a sus hijos les guste.


LA VARITA MÁGICA

Hace muchos años había reyes, y muchos, sino todos tenían hechicero a su servicio.

Para gobernar por esa época, cuentan que una vez un sapo, apareció con la varita del mago Merlín, o tal vez era el mago mismo, hasta puede ser que una bruja, con algún "maleficio", lo hubiera convertido en sapo a quien fuera.

Lo cierto es que con la varita desarrugaba pieles de cocodrilo, quitaba disfraces de presidiario a las cebras, reducía barrigas a hipopótamos y rinocerontes, cambiaba de olor a los zorrillos, volvía serios a los tucanes, daba la velocidad del sonido o de la luz a gaviotas y tortugas, y le ponía color a salamanquejas y ranitas pálidas.

La lora le pidió un corazón más grande que el de la jirafa, el elefante menos panza y más gracia en la danza

-Puede pedirme usted cualquier cosa que yo se la daré - dijo el sapo a la jirafa que no había solicitado nada.

Por favor señor sapo, regáleme la varita- pidió la jirafa.

El sapo se la obsequió generoso, entonces esta levantó la varita, llenó de alegría el corazón de la lora, borró del diccionario la palabra vanidad, condenó a magos, brujos y hechiceros a dejar de existir y en la selva todo volvió a la realidad.

Dios, feliz por la recuperación de la verdad, tomó la varita, la llamó "batuta" y desde esa vez, siempre que El la levanta; grillos, renacuajos, loros, aves, ranas y otros músicos, dan inicio a la sinfonía de la creación.